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Tras el cierre de Megaupload por parte del FBI, acusando a sus responsables de verdaderas barbaridades como asociación ilícita o banda criminal, creo que a todos se nos dibujó una sonrisita en la boca mientras mirábamos los otros muchos servidores que todos esos uploaders habían llenado.
Pero el sueño duró poco, y los dueños de estos almacenes virtuales pronto entraron en pánico: millones de archivos fueron eliminados de golpe (¿Antes se hacía la visto gorda y ahora sí que se puede saber al segundo qué clase de archivos tiene copyright?), al tiempo que las condiciones de uso fueron cambiando. Los más cobardes, simplemente, cerraban o bloqueaban hasta cuentas de usuarios.
Y así estamos a día de hoy, esperando un poco a ver qué es lo que pasa y si el FBI iba en serio o sólo era para marcar territorio, un pequeño aviso para que tengamos en cuenta quiénes mandan de verdad.
Cansado de esperar a que alguien mueva ficha, esta mañana y tras dar varias vueltas y no creerme de verdad lo que estaba a punto de hacer, he vuelto a instalarme un cliente de BitTorrent.
¿El resultado? Pues pese a lo que esperaba al principio, ha ido bien. Bueno, demasiado bien; no me ha costado nada encontrar lo que quería descargar y la velocidad de la misma ha sido en todo momento estable y bastante alta, casi a la altura de las cuentas premium que manejaba antes.
Que las medidas antipiratería era algo sin sentido ni lógica ya lo sabemos quienes llevamos un tiempo en esto y prácticamente vimos nacer Internet. Pero es que ahora el problema que ellos mismos han creado se les vuelve por segunda vez en su contra. Dentro de no mucho tiempo veremos cómo todas esas startups que generan millones de beneficios en poco tiempo se van a ir mudando a otros países con leyes más flexibles. Y una startup hoy no es nada, pero mañana es un gigante como Google con demasiados puestos de trabajo a sus espaldas.
Eso sí, no dejemos que nadie pueda ver online el capítulo de la serie de turno de esta semana.
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Ya hemos visto caer (o hemos obligado a caer, según a quién escuches) a la industria del cine, y, de una forma más ruidosa, a la musical. Hemos llegado a tal nivel de hartazgo y saciedad que ya ni reaccionamos a los graves ataques (insisto, lean el enlace. Hasta el final) que estamos sufriendo.
En Estados Unidos, cuna de casi la totalidad de las startups (que, no olvidemos, son los futuros gigantes multimillonarios) el modelo de negocio online está triunfando sobre el viejo soporte físico. Para ello, principalmente se han apoyado sobre dos pilares; el primero, es la ENORME devaluación de una copia digital sobre los soportes tradicionales. Sin entrar en el juego de posicionarme a favor de una opinión u otra, la mayoría de la gente lógicamente le da más valor a su DVD en un estuche o caja que a una descarga.
Después, tenemos la comodidad. A una persona con tiempo no le intentes cobrar algo por encima de lo que piensa que es su valor, porque Google se lo ofrecerá gratis. Da igual si tarda 10 o 30 minutos. Entonces la meta es ofrecer una solución fácil y cómoda. Sentarte, y tener el producto en instantes, que merezca la pena pagar por ahorrarte el tiempo de búsqueda.
Todo esto lo he vivido ahora mismo con los ebooks (recordad, las editoriales serán las siguientes en salir llorando públicamente porque han perdido su monopolio. Al tiempo). Mi experiencia es que, más que no estar a la altura o preparados para las tecnologías y tiempos actuales, están entorpeciendo deliberadamente su expansión y popularidad. Exactamente igual que los que se aferraron al casette, al VHS, al CD, al DVD…
Hace cuestión de un mes o así, intenté comprar una copia del último libro de Stephen Hawking, El Gran Diseño. Lo que descubrí fue que hasta que no pasase un tiempo prudencial, y supongo que para no dañar las ventas del libro impreso en papel, no se vendía en formato ebook. En castellano, claro. Si lo quería, en su idioma original, inglés. Y, ojo, al mismo precio que el libro físico (
nunca mejor dicho).
La solución vino de la mano de Google, donde un usuario escaneó una por una cada página del libro, pasó por Photoshop todo para darle cierta consistencia, y creó un pdf la mar de bonito. A una calidad envidiable, todo hay que decirlo.
Ayer intenté comprar otro, esta vez una publicación técnica sobre Arquitectura. Hay que decir que aquí sí que diferencio bien el ánimo de lucro, ya que es algo que supuestamente voy a explotar económicamente. Y nada, tampoco estaba a la venta. Eso sí, en un foro alemán otra persona se había tomado la molestia de escanearlo, esta vez a más calidad que el anterior. Y la gente le contestaba con pedidos de otros libros que les era imposible de conseguir.
En fin, si creen que van por el buen camino, no somos nadie para impedirles que se hundan. Eso sí, no hemos sido nosotros.
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Twitter es algunas veces una de las redes sociales más justas, por no decir la que más, algo así como el Robin Hood de Internet pero en versión troll. Por supuesto, es algo no intencionado, fruto de la lógica evolución y maduración de su propia identidad y estructura.
Otras redes, como Facebook, tienden indirectamente a marginar digitalmente y crear grupitos de amigotes, tal y como hacemos en la realidad. La excusa del pseudo-anonimato tras la pantalla hace que más de uno tenga el botón del ratón algo flojo a la hora de agregar amigos; así que aquí esta Twitter, una red que últimamente está haciendo una gran labor social ajusticiando públicamente. Ojo, no en todos los casos de forma merecida.
Hubo un tiempo en que celebramos los trending topics regionales. Nos sentimos parte de Silicon Valley, del movimiento 2.0 y, en definitiva, llegar al olimpo de los TT, aparte de multiplicar exponencialmente tu número de followers -y, con ello, aunque lo neguemos, un poco el ego…- , te daba acceso a una especie de personalidad y credibilidad que aparcabas en un plano superior a los demás; podías twittear que te estabas tirando un pedo, y antes de que lo acabases ya tenías 1000 retweets.
Afortunadamente eso ha cambiado, y bastante. En estos momentos ser TT es una maldición, y en muchos casos termina siendo la ruina digital de uno. Y más en manos de personas con un cierto retraso cognitivo no diagnosticado por el interesado, aunque sea vox populi.
Pero como todo en esta vida, la botella no está sólo medio vacía. Los demás estamos desde el otro lado contemplando el circo, reconozco que a veces demasiado cruel, pero circo al fin y al cabo. Y es que no hay mayor placer que ver el golpe de esos famosillos contra el suelo, sumado al orgasmo que da el trato de tú a tú en Twitter, donde la única diferencia entre la estrellita y el panadero del barrio es el número de tweets o followers babosos. Nada más.
Algunos hemos llegado al morbo de conectarnos exclusivamente a primera hora para ver quién es la piñata hoy. A ver quién va a recibir. No sé si vamos con buen rumbo, pues hemos cambiado a Mariñas por otros peleles que se han subido tarde a la nave y van dando palos de ciego, intentando no hundirse y quedando en evidencia ante el personal.
Porque, seamos francos; quitando algunos episodios de linchamiento no merecido o que se han sabido manejar de forma inteligente y más o menos elegante -ignoro lo que les parecerá a ustedes, pero para mí casos como el #holocaustovigalondo o los #perezrevertefacts juegan en otra liga distinta-, todo esto ha servido para que tengamos nuestra dosis diaria de sangre y espectáculo. Aparte de dar titulares “buenos”, bonitos, y muy BARATOS a la pseudoprensa. Pero sangre para le plebe, al fin y al cabo.
Aunque no todo es tan negro ni hemos de sentirnos necesariamente malas personas en ciertos casos. Porque el que no sospechara de la falta de masa neuronal del triunfito de turno y sus pirámides o de la falta de educación del presentador de cara agujereada de Telecinco, tiene delito. Es algo que sabíamos, pero ahora gracias a Internet nos lo confirman ellos. Y por escrito.
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Hace un par de días una persona del entorno del trabajo me pidió una copia del “windous del mac“, aka MacOSX Snow Leopard. Sorprendido al ver que le dí un disco original, me dijo que quería el pirata, que él pasaba del original y que no sabía cómo meterle el crack para activarlo.
Amablemente le contesté, /ironic-on en mano, que Apple estaba tan segura de su sistema que no tenía ningún tipo de protección. Podía copiarlo al vuelo e instalarlo, todo quedaba a disposición de su moral. Además, dando por hecho que quedaría más que satisfecho con el rendimiento (creo recordar que había pasado de un pc con Windows Vista a un Macbook de segunda mano), le animé a comprarlo original, ya que el precio era bastante asequible. Lo que cuesta salir a cenar y tomar un par de copas.
La respuesta que obtuve fue que no pensaba adquirirlo original ni en broma, “para que ramoncín y los cabrones de sus amigotes se compren otro coche, ¿no?”. Hablo de una persona totalmente ajena al mundillo informático, en un par de minutos me puso a parir a todos, llegando a la conclusión de que ya le han cobrado y robado lo suficiente como para no tener que comprar NADA original el resto de su vida.
Después, en casa, mi hermano me mira raro al ver que espero a que baje de precio un juego para importarlo, pudiendo pasármelo a veces hasta meses antes en la X360 que tengo flasheada en el salón, para disfrute de toda la familia. Y no digamos ya mis padres, que se ponen histéricos al ver que me pulo gran parte del sueldo en estas cosas. Hablo, otra vez, de gente a la cual el tema este antes ni le iba ni le venía, otra vez fuera del círculo más o menos geek en el que se encontraba encarcelado el debate. Ya han pagado lo suficiente con el canon, no hace falta pasar más por caja.
En Navidades, un amigo de mis padres me lloraba porque cuando se compró el iPad y lo conectó al ordenador para activarlo mediante iTunes, lo actualizó. Y claro, con la actualización se le fue la opción del Jailbreak y las millones de descargas gratuitas de aplicaciones y juegos. De nuevo, era una persona sin gran interés en la informática.
Creo que al final antes me convencerán a mí sobre la Ley Sinde y todas sus consecuencias, que a este tipo de personas. A mi modo de ver, han creado un monstruo que se les ha vuelto contra ellos, y les va a ser casi imposible acabar con él. Aunque, si soy sincero, en parte me alegro.
Seguramente -seguro, vamos- por mi router pasa más cantidad de información “pirata-ilegal-backups o como quieras llamarlo” que por el de estas personas. Y, aún así, si miro hacia atrás, veo que mi consumo de productos legales ha crecido considerablemente; ahora tengo una oferta casi infinita de ocio, puedo probar antes, buscar otros vendedores o conocer nuevos productos.
En unos años nos reiremos al ver cómo se hunden los que han llegado tarde a esta era. Y más todavía, los que intentan controlar algo incontrolable.
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Últimamente he cogido la mala costumbre de aprovechar la cola para pagar la gasolina ojeando la prensa, normalmente las mentiras de los diarios nacionales de más tirada. Evidentemente prefiero la pornografía, pero supongo que alguien ya se ha dado cuenta del truco y casi todas estas revistas especializadas vienen con el plástico para que las compres. Así que he tenido que ir a por una de videojuegos, cuyo nombre prefiero omitir. En concreto he dado con la típica entrevista al director de otro típico estudio triple AAA que está de bolo patrocinando su nueva criatura.
“Estamos dando una vuelta de tuerca a la saga, esta entrega va a ser la definitiva. Los fans no quedarán defraudados”
Pero vamos a ver, que no me aclaro. Esta es la ¿novena? entrega de la saga, ganas más con los muñecos que con la basura de juegos que sacas cada año para exprimir el título.
Pero claro, es más fácil echarle la culpa a la piratería, a la crisis del sector o a cualquier chorrada que se nos ocurra. Lo que realmente existe, es una gran crisis de talento.
Porque gente dispuesta a comprar y consumir hay de sobra, y si no ahí está como prueba la AppStore de Apple y sus millones de descargas, con sus millones de beneficios. Lo que ellos ofrecen es algo nuevo y creativo. Títulos como Cut the Rope, Angry Birds o el raro y a la vez hermoso Osmos HD muestran una calidad y ganas de hacer las cosas como deben ser.
Pensaba que sería feliz con gráficos HD y mil canales de sonido, y me equivoqué. Quería jugar, sin más.
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Nativo digital es aquel que nació cuando ya existía la tecnología digital. La tecnología digital comenzó a desarrollarse con fuerza en 1978, por lo tanto, se considera que los que nacieron después de 1979 y tuvieron a su alcance en el hogar, establecimientos de estudio y de recreación computadoras o celulares pueden considerarse Nativos Digitales.
Acabamos casi de estrenar la semana, y ya parece que tenemos trending topic para rato. Hablo, cómo no, de la ya por desgracia famosa ley Sinde. A estas alturas me niego a postear más sobre el tema en sí, sobre si la pirateria favorece o ayuda, o simplemente sobre la innegable evidencia del freno de mano que supone hoy en día semejante aberración para una sociedad conectada a la red.
Todo ocurrió hace unos días, y no he podido todavía dejar de darle vueltas y más vueltas. Por motivos que no vienen a cuento, estaba buscando por mi habitación la caja de una Neo Geo AES para enseñársela a mi hermana pequeña, que de vez en cuando flipa con los trastos que tengo guardados. Mi ilusión se fue cuando me preguntó por dónde se copiaban los juegos, porque aquello no tenía USB, y mucho menos wifi, cosa que le extrañó muchísimo.
Desde entonces he estado observándola, y, como he copiado al principio del post, no siento más que admiración y tristeza por esta generación de nativos digitales. Pero los de verdad, los que han nacido ya con la revolución de Internet en marcha, y no nosotros que fuimos los que asistimos al parto.
Porque las fotos vuelan de la tarjeta de memoria de la cámara de fotos directamente a Tuenti/Facebook, nadie las guarda ya, todo está en la nube. El streaming es lo más común, desde (atención FRIKADA, y juro que es 100% verídico) hacer los deberes entre varios conectados con el skype hasta comentar minuto a minuto vía teléfono móvil tu vida.
El concepto de piratería que tenemos nosotros no existe, pronto se evaporará. ¿Qué significa piratería cuando para ellos el formato físico está más que muerto? Ver una película a través del disco compacto es un ritual ya obsoleto, y es que si tu única alternativa son los servicios online (MegaVideo, por ejemplo) ese concepto de robar, que tanto se empeñan en hacernos aceptar desde ciertos medios y sectores públicos, se difumina hasta el punto de ser lo único que tienes.
Todos sabemos que el tiempo en la informática vuela. Pero es que en Internet se distorsiona, lo que tardas en hacerte un café en la red han pasado siglos. Me veo a años luz de la generación de mi hermana, y eso que no soy para nada mayor. Así que ahora me da vértigo imaginarme el abismo generacional que me separa de esos señores analógicos que estos momentos intentan imponernos su ley de Internet. Eso sí, no quiero pensar la que les separa con los nativos digitales, ahora ya definitivamente inalcanzables.
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Rick observa firmemente la cabeza de la muñeca, que se asemeja casi más a una niña de corta edad que a un juguete. Esperas su compasión, pero sin más la decapita y la sangre empieza a tintar la pantalla de rojo, dejando la cara en un primer plano. El protagonista se va acercando lentamente por detrás para pisotearla una y otra vez, mientras una voz en off comenta: ” Es por esta mierda por la que nos han puesto lo de mayores de 18″.
El mismo menú principal ya es toda una declaración de intenciones, llegando casi a una ligera obsesión con la sangre. Sangre por aquí, por allá, y otra vez por aquí. Parece más una competición de quién la tiene más larga y puede recrear digitalmente las escenas más bestias. En la caja del juego, por detrás, anuncian orgullosos su logro: “el juego más gore del 2010″.
Dejando a una lado las imbecilidades del personal en estos temas, creo que tengo que admitir una cierta predilección por este tipo de juegos extremadamente violentos; algo primitivo dentro de mí se revuelve al mismo ritmo de las tripas y los corazones enemigos que voy extrayendo en la pantalla. Las eufórica sensación que me inunda al desmembrar con un cuchillo a los malos sólo es superada cuando encuentro una motosierra.

Me ajusto los cascos y casi puedo distinguir por el sonido qué huesos son rotos. Camino sobre charcos de sangre en busca de mi amada. Aunque aquí la historia importa lo mínimo, es sólo la excusa para dar rienda suelta a nuestros excesos. Excesos que son alimentados por una voz que nos va animando durante todo el juego a cometer más y más crímenes – al fin y al cabo, se alimenta de sangre y odio. Estará hambrienta después de tanto tiempo encerrada, supongo- , recostada sobre una banda sonora metalera (Cavalera Conspiracy, Mastodon, Lamb of God, etc) simplemente exquisita, que cumple demasiado bien su labor de mantenernos en vilo y en un estado de nervios constante.

Splatterhouse original. Sí, son fetos colgados tirando ácido. En este remake aparecen de nuevo…
Después de haber superado una pantalla cualquiera, las 3D y todas esas maravillas técnicas dan paso a un nivel de los clásicos, de los que nunca mueren, el mítico scroll horizontal en 2D, pero con una falsa sensación de libertad y profundidad en los escenarios, que queda casi mejor que el propio juego en sí. ¿Alguien ha pensado también lo orgásmico que sería tener un juego entero así? ¿Soy el único? Un guiño para quitarse el sombrero, y eso que hay unos cuantos repartidos por todo el juego.
Una vez harto del hemoglobínico pigmento, sigo la fiesta con los Splatterhouse originales, emulados de una forma bastante correcta. Y eh, tampoco están nada mal (reconozco no haberlos jugado antes, pero soy todavía relativamente muy joven
).
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Si es que no puede ser, conforme se acercan estas fechas tan señaladas una inmensa ansiedad se va apoderando de mí. Digamos que el número de días que quedan para la Navidad es inversamente proporcional a mis ganas de matar, digital y metafóricamente hablando, claro.
Recuerdo hace un tiempo, cuando todo esto de los vicios y videoconsolas era algo minoritario y raro. No lograba entender por qué la gente no se acercaba a este mundillo, por qué no tenía la curiosidad de pillar un Duke Nukem y salvar a Los Ángeles de cerdos policías, y en cambio tenían todo el tiempo del mundo para idiotizarse frente al televisor.
Ahora todo eso ha cambiado, y para nuestra desgracia estas Navidades prometen ser un hype de casuals (nótese lo que me gustan estas dos palabras
) ; si no teníamos suficiente con una Wii, ahora serán tres, y es que Sony y Microsoft por fin se han quitado la careta y van sin ningún tipo de complejo a por el público más pobre neuronalmente.
Pero en vez de echarle la culpa al japo sonriente que sale en las keynotes diciendo que han arrasado en ventas, debemos mirarnos un poco a nosotros mismos. Porque en parte todos hemos tenido la culpa de llegar a este punto. Todos les hemos seguido las gracias, y, aunque sea duro de reconocer a estas alturas, todos nos vimos sorprendidos y seducidos por los controles gestuales.
Pero no todo es tan negro como lo pinto, y es que la novedad es algo muy fuerte y que tira lo suyo. Si en el despacho me pusieran un mono esnifando pegamento no dejaría que se lo llevasen ese mismo día. Me haría mil fotos y le compraría el loctite más potente. Pero supongo que al cabo de unas semanas estaría harto del puto mono (joder, debo revisar mis modos, disculpen).
Y esto es precisamente lo que ha pasado con PSMove y Kinect (de Kinect aún guardo un mínimo de esperanza gracias a la comunidad underground y sus futuros hackeos), que ya estamos cansados del mono. Y es que una una vez pasada la novedad, no nos ofrece una experiencia digna de ser abrazada y continuar juntitos, es más, ha empobrecido enormemente la calidad (que no cantidad, tristemente) del catálogo videojueguil.
Así que poco a poco voy concienciándome para afrontar unas Navidades con 3 Wiis, con sus respectivos abortos de pads y pensando en por qué la gente no deja los “Imagina ser XXX” para pasarse a algo de verdad.
La única solución a la que he llegado ha sido la educación, aunque suene raro. Así como yo cuando era pequeño y haciendo zapping me quedaba en algún programa de telebasura mis padres me decían que quitara esa mierda que cambiase de canal, con los juegos pasa lo mismo. La gran mayoría de gente ha pasado de la infancia a la madurez de golpe, y hay que hacerlo pasito a pasito. Por eso nos tragamos las basuras que nos tragamos.
Y como esto, con todo. Ojalá no legalicen las drogas, porque algún camello al verse sin curro podría hacer una matanza de casuals. Aunque pensándolo bien, sería lo más cercano a sentir la justicia.
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Quédate con la cara del tipo de la foto, porque probablemente sea uno de los hombres con más huevos (mil perdones por mi mal hablar) que respira ahora mismo. Puede que no te interese lo que dice (aunque debería), pero no hay duda de que es la prueba viviente de que el mundo ha cambiado, y no hay vuelta atrás.
Internet es algo imparable, y en nuestras manos está conservarlo o dejar que nos lo quiten; tienen miedo por algo, y eso es lo más grande que ha pasado en años.
Para agradecerle a Julian Assange un poco todo lo que se ha jugado, puedes descargarte desde este enlace su seguro de vida. ¿Qué es? Nadie lo sabe, se trata de un archivo de 1,4GB encriptado con una clave hasta ahora desconocida. En caso de algún ataque a su persona, esa clave se liberaría, siendo de dominio público.
Piénsalo detenidamente. Descargas giga y medio de ceros y unos, capaces de derrocar un gobierno. De callarles la boca y que vuelvan con el rabo entre las patas a llorar a otro lado. Y multiplicado por millones, infinidad de copias que abrirán la caja de Pandora si es necesario. Esta guerra la han perdido.
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Quitando el final y la corta duración de Kane & Lynch 2: Dog Days, uno de los apartados que más críticas ha recibido es el de la historia. Es verdad que la primera parte será recordada como un juego notable precisamente por esto, pero la última entrega es otra cosa…
Sin darnos cuenta hemos pasado de la generación Graphics Whore a, si me permitís la expresión, Story Whores.
Nos han vendido los videojuegos como la evolución lógica del cine. Y este es precisamente el virus de la industria, una especie de auto infravaloración gracias a la cual no se llega a crear un lenguaje propio, teniendo que ir copiando al vecino.
Hay títulos que pueden prescindir por completo de argumento (¿A alguien le interesa por qué Pac Man es adicto a las Mitsubishis y al tecno?) pero que por miedo al batacazo comercial terminan siendo lo que no son. Así que desde aquí quiero reivindicar todos esos títulos que no cuentan nada, que no le dan importancia a las cinemáticas ni necesitan tres cuartos de hora para ponerte en contexto.
Desde aquí quiero reivindicar a Kane & Lynch 2: Dog Days. Por ser un VIDEOJUEGO, por retomar los orígenes del género sin ningún tipo de complejo. Por sus mil explosiones. Por los tiroteos contra enemigos que no sabes ni qué hacen ahí, y la mayoría de veces ni conoces. Por esa sensación de adicción que no te abandona hasta acabarlo. Por haberme hecho recordar lo que es un juego. Porque hacía mucho tiempo que no jugaba a algo así. Y, también, por sus gráficos HD.
Actualmente, en una sociedad cada vez más dependiente de la entrada de información, no hay duda de que las teleoperadoras se han transformado, queramos o no, en algo imprescindible, un bien casi de necesidad básica, tanto para trabajo como ocio.
Así que no es de extrañar, pese a las predicciones que indicaban lo contrario, que el auge de las conexiones móviles es el futuro; ya no queremos una gran velocidad de descarga y subida en casa, la queremos siempre encima.
Y esto, queridos amigos, es un gran filón donde hacer negocio. Si quieres combustible para desplazarte, te lo venderán a precio de oro. Lo mismo ocurre con la información, donde impera una nula competitividad por parte de las telecos. Esta es más o menos la idea que han lanzado al aire Vodafone y Movistar, escudándose en la pobre excusa de que albergar tal cantidad de tráfico les es casi imposible.
La idea, al final, es la de cobrar por el consumo, aunque también se olviden del pago a usuarios que generan tráfico, lo que les reporta más beneficios.
Mientras el Gobierno hace oídos sordos y multitud de asociaciones de usuarios se oponen por completo a esta medida que supone un claro paso atrás en el desarrollo tecnológico, inesperadamente llega Orange, y, para sorpresa de todos, se pone de nuestra parte. Según afirma la compañía, si siguen con su plan de inversiones de nuevas infraestructuras, sus redes no se verán colapsadas ni por nuevos usuarios ni porque los viejos hagan un uso excesivo de sus conexiones. Y pese a que respecto al volumen de usuarios es más pequeña, también lo son sus inversiones, así que aquí huele raro…